El hambre y la pobreza severa en Madrid*

Una de las necesidades más apremiantes de los seres humanos es la alimentación, sin la que no podemos sobrevivir. Por eso, el derecho a la alimentación, la disponibilidad de alimentos en cantidad y calidad suficientes, aparece como un derecho fundamental que España, como país, se ha comprometido a garantizar en el marco de Naciones Unidas. Para hacer efectivo este derecho, el primer problema con el que nos encontramos es que no sabemos cuántas personas están malnutridas porque las encuestas de España y de la comunidad de Madrid no registran esta información con suficiente precisión y, como dice el refrán, “ojos que no ven… corazón que no siente”. Sin embargo, hay claros indicios de que el hambre afecta a un sector relativamente amplio de población, que se ha incrementado de manera notable en los recientes años de crisis.

Un indicio directo son las personas que reciben alimentos en las instituciones y bancos de alimentos, más de 100.000 en Madrid según los datos recabados por la Red de Investigación y Observatorio de la Solidaridad, a partir de informes del Banco de Alimentos, Cáritas y Cruz Roja. Una cifra que, aun siendo elevada, probablemente se queda corta si tenemos en cuenta un indicador indirecto que conocemos mejor: la escasez de recursos económicos de muchos hogares a causa del paro, el empleo precario y los recortes sociales. Evidentemente, la falta de alimentos tiene que afectar sobre todo a aquellas familias cuyos ingresos económicos son tan bajos que no pueden hacer frente a sus necesidades básicas, no sólo de alimentación sino también de vivienda, vestido, transporte, electricidad, agua y cualquier otra cosa que se tenga que comprar con dinero. Los datos que se recogen a continuación pretenden aproximarnos a esa población abocada a vivir en una situación agobiante de falta de ingresos.

En primer lugar, el paro:

  • Según la Encuesta de Condiciones de Vida, uno de cada diez hogares de Madrid emplea menos del 20% de su fuerza de trabajo, en la mayoría de los casos porque todas sus personas activas están en paro. Es lo que Eurostat, la oficina de estadística de la Unión Europea, llama “hogares con baja intensidad laboral”, un indicador que sitúa a España a la cola de los 28 países europeos, solo por delante de Grecia e Irlanda. ¿Cuántos hogares de Madrid se ven afectados por esta situación de paro masivo?: 240.000 según la última Encuesta aplicada en 2014, donde viven 612.000 personas. Desde 2009 estos hogares se han incrementado un 88%.
  • Podríamos pensar que, después de todo, las personas en paro están cubiertas por la prestación de desempleo. Pues no, la mayoría no tiene esa cobertura: si cruzamos los datos de la EPA con los de la Seguridad Social, el 55% de las personas en paro de Madrid, 334.000 en números absolutos, no recibe ninguna prestación, ni contributiva ni asistencial. Son sujetos en búsqueda y disposición para trabajar pero que no tienen oficio ni beneficio y se ven obligados a malvivir de sus exiguos ahorros, del apoyo de los parientes y amigos, de las ayudas privadas de ONGs, de la mendicidad, de la rebusca en la basura o de cualquier otra fórmula que les permita mantenerse en pie. Ese colectivo se ha incrementado un 54% desde 2009.
  • El grupo social más afectado por el paro es la juventud: desde el cuarto trimestre de 2011 en que se inició la última legislatura del PP hasta el tercer trimestre de 2015, la comunidad de Madrid ha destruido 154.000 empleos de quienes tienen entre 16 y 34 años. ¿Alguien se puede extrañar de que nuestra juventud, dicen que la mejor formada de la historia, tenga que emigrar a Alemania, Reino Unido o Francia? De paso, además, se reduce artificialmente la cifra de paro en nuestro país al dejar de contar como desempleadas las personas que se van a trabajar a otro país.

En segundo lugar, están los salarios bajos o la llamada pobreza laboral:

  • A partir de la última Estadística de salarios de la Agencia Tributaria, sabemos que la cuarta parte de las personas empleadas en la comunidad de Madrid percibe retribuciones, en cómputo anual, por debajo del Salario Mínimo Interprofesional y que el 15% cobra menos de la mitad del Salario Mínimo, o sea, por debajo de 322 euros/mes.
  • Interesa especialmente este último grupo de asalariados muy precarios, porque ¿qué vida se puede construir y qué nivel alimentario pueden tener los hogares con ingresos salariales por debajo de 322 euros/mes? Una situación que afecta a 405.000 trabajadoras y trabajadores de Madrid que seguramente alternan períodos de paro con empleos de temporada, a veces de cortísima duración y poco retribuidos. El peso de este colectivo en la población asalariada madrileña ha crecido un 15% en los últimos cinco años y es quizás el que permite a algunos políticos alimentar la ilusión de que estamos saliendo de la crisis.

En tercer lugar, las pensiones que perciben 1,2 millones de personas mayores en nuestra comunidad y representan un ingreso importante para muchos hogares:

  • Pero también en este caso la cuarta parte de esas pensiones se sitúa por debajo de la Pensión Mínima de Jubilación fijada por el gobierno y el 12% cobra menos de la mitad de la Pensión Mínima, o sea, por debajo de 346 euros/mes.
  • Este último tramo de 145.000 pensiones muy muy bajas, en aquellos casos en que no disponen de otros ingresos en el hogar, se tiene que encontrar muy probablemente en situación de déficit alimentario.

Por último, la Renta Mínima de Inserción de la Comunidad de Madrid:

  • Esta renta se considera un derecho de última instancia para personas en situación de extrema necesidad, un objetivo que parece muy razonable. Sin embargo, aparte su baja cuantía (388 euros mensuales por hogar en 2014), sólo llega a la sexta parte del colectivo que pretende proteger, como veremos más adelante.
  • La mayoría de las solicitudes de RMI son rechazadas en la fase de tramitación, que además es lentísima, por lo que muchas familias en situación de extrema necesidad (también alimentaria) se desesperan en el proceso y lo viven habitualmente, no como un derecho, sino como una carrera de obstáculos.

Todas estas situaciones apuntan a la existencia de hogares con muy bajos ingresos, es decir, hogares pobres, de los que nos informa con precisión la Encuesta de Condiciones de Vida, del Instituto Nacional de Estadística. Los indicadores más importantes para la comunidad de Madrid son los siguientes:

  • El 14,7% de los hogares se encuentra en riesgo de pobreza y el 5,2% en situación de pobreza severa. Este último grupo es el que más nos interesa ya que recoge a aquellas familias cuyos ingresos medios se sitúan por debajo del 30% de la mediana de ingresos, es decir, por debajo de 339 euros/mes por unidad de consumo en 2014. Se trata de 000 hogares (332.000 personas), que han aumentado un 79% entre 2009 y 2014, y que perciben unos ingresos bajísimos con los que es imposible vivir y comer en condiciones dignas. Gran parte de estos hogares muy pobres ya no responden a la imagen tradicional de los pobres de solemnidad sino a familias muy normales que se han visto afectadas por situaciones de desempleo de larga duración y han dejado de percibir la prestación de desempleo u otras ayudas públicas; entre los grupos especialmente afectados, están la inmigración no comunitaria y las familias monoparentales, en su mayoría madres solteras, separadas o viudas con hijos pequeños.
  • Otros datos de interés de la Encuesta de Condiciones de Vida son que el 34% de los hogares de Madrid llega con dificultades a fin de mes y el 37% no tiene capacidad para acometer gastos imprevistos. Casi una de cada cinco familias reconoce que llega a fin de mes “con mucha dificultad”, lo que en alguna medida también tiene que incidir en su dieta alimentaria.
  • El 8,5% no puede mantener la vivienda con la temperatura adecuada en los meses fríos, es decir, padece pobreza energética.
  • El 8% no puede pagar las cuotas o gastos fijos asociados a su vivienda, situación que está en el origen de los desahucios y afecta a casi 200.000 hogares de nuestra comunidad.
  • Y el dato más relacionado con la alimentación: un 2% -121.000 personas- no puede permitirse una comida de carne o pescado al menos cada dos días.

Se podría pensar que todas estas situaciones de pobreza y carencias materiales son inevitables pero no es así. El problema es el reparto. Y aquí, para terminar, podemos hacer un poco de ciencia-ficción, por llamar así a algo que los poderes establecidos consideran iluso, utópico o ingenuo pero que, en mi opinión y creo que también en la de quienes participan en la Plataforma contra el Hambre de Madrid, debería ser el principal objetivo de la política: conseguir una distribución equitativa de la riqueza que nuestra sociedad es capaz de producir.

Según la Contabilidad Regional de España, la comunidad de Madrid es la que tiene más renta por persona, exactamente 31.000 euros “per cápita” en 2014. Teniendo en cuenta que el tamaño medio de los hogares es de 2,6 miembros, si esa renta producida en nuestra comunidad se distribuyera a partes iguales entre todas las familias supondría unos ingresos de 81.000 euros/año, o 6.750 euros/mes. Evidentemente de ahí podríamos detraer los impuestos necesarios para las políticas sociales que benefician a todos y todavía nos quedarían unos recursos sobrados para vivir con dignidad. Pero esto no cuadra con la partida de beneficios de las empresas que en el mismo ejercicio de 2014 han acaparado el 40% de la renta producida en la comunidad (77.300 millones de euros); ni cuadra tampoco con el sistema fiscal regresivo existente en España, ni con las últimas reformas laborales, ni con los recortes de las políticas sociales para pagar la deuda, etc., etc., etc. Excusas no les faltan para justificar la desigualdad, la pobreza y, en última instancia aunque se trate de ocultar, el hambre de los sectores más frágiles y excluidos.

Un segundo dato muy positivo de Madrid es que registra el salario medio más elevado de todas las comunidades autónomas, exactamente 24.576 euros/año, o 2.050 euros/mes. ¿Imaginan lo que pasaría si este promedio se aplicara efectivamente? Para empezar, los mileuristas y los seiscientoseuristas pasarían a la historia. Sin embargo, eso no cuadra con la desigualdad salarial existente en Madrid, que es la más elevada de las 17 comunidades autónomas. Las 100.000 personas mejor remuneradas tienen un promedio salarial, en cómputo anual, de 6.500 euros mensuales, veinte veces más que las 680.000 con salarios más bajos, que sobreviven con un ingreso medio, también en cómputo anual, de 322 euros mensuales.

Y podemos aplicar el mismo criterio al trabajo: si en el reparto del empleo existente, entraran las 545.000 personas que se encuentran en paro, podríamos trabajar todas 31 horas en lugar de 37. ¿Por qué dicen que tal cosa es imposible?

Y lo mismo pasa con las políticas sociales, que son especialmente cicateras con los sectores más pobres y vulnerables de la sociedad. ¿Por qué los parados de larga duración no cobran una prestación adecuada?, ¿por qué la cuarta parte de las pensiones son inferiores a la Mínima fijada por el gobierno?, ¿por qué la Renta Mínima de Inserción sólo cubre a la sexta parte del colectivo para el que fue creada?, ¿por qué no se asegura alimentación, vivienda digna y sobre todo un empleo digno a todas las personas?

La solución a estos problemas es posible. Y sabemos que algunos sectores sociales tienen más responsabilidad que otros (“Políticos y banqueros” se decía en la Puerta del Sol en mayo de 2011). Pero en mayor o menor medida todas y todos tenemos alguna responsabilidad y estamos implicados, por acción o por omisión. Muchas gracias.

 

 

Madrid, enero de 2016.

* Una primera versión del presente texto se presentó en la Conferencia contra el hambre y por el derecho a la alimentación, que tuvo lugar en Madrid el 10 de abril de 2015. Las fuentes de los datos que se citan (INE, Eurostat, Hacienda, Seguridad Social, Comunidad de Madrid, etc.) han sido actualizadas en enero de 2016.

 

 

Carlos Pereda

(Invisibles de Tetuán, 15M)

 

 

 

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